Cuando el dolor de cabeza se transforma en una gran enseñanza de Dios

De vez en cuando me dan unas jaquecas interminables que pueden llegar a durar varios días. Al ser hereditario no tengo mayor remedio que aceptar la carga que ello conlleva y caminar a pesar del dolor físico. Hoy, en plena Misa, comencé a ver borroso (signo inefable de que la jaqueca viene) y le pedí al Señor que, si era su voluntad, me quitara el dolor ya que tenía la tarde destinada a estudiar para el examen de mañana. Era mi última oportunidad para repasar el contenido antes del examen. Estaba en esto cuando comenzó más fuerte. Ya era inevitable. Empezaron los dolores, me tomé una medicina y seguí adelante; me dije: “Edgar, todo depende de la actitud con que tomes esta prueba de Dios…”. Al pasar los minutos se hacía más fuerte el dolor. En ese momento fue cuando me vino la luz:
“Dios no me quitó el dolor, sino que me dio la capacidad de aceptarlo con alegría aún cuando humanamente no podía”.
Y esto nos pasa siempre. A veces nos desesperamos, sea por un malestar físico o por un sufrimiento espiritual, pero en ese dolor es donde Dios nos da la clave para seguir adelante. Bien sería que nuestro Padre nos quitara el dolor, pero ¿cómo aprenderíamos a sonreír en medio de las dificultades? Todo lo que permite Dios, incluso el mal, es por un bien mayor. Como cristianos sabemos que esto conlleva cruz, pero una cruz que el mismo Dios nos ayuda a cargar, porque es un Dios de amor, de misericordia.
«Corramos con perseverancia la carrera que se abre ante nosotros, fijos los ojos en Jesús, autor y perfeccionador de la fe, el cual, animado por la alegría que le esperaba, soportó sin acobardarse la cruz y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios» Hebreos 12:1b-2
Por esto damos a gracias a Dios, por educarnos en lo cotidiano, por enseñarnos a ser hijos en el Hijo, por acercarnos las gracias que necesitamos para crecer espiritualmente. Termino citando a San Pablo, que en su segunda carta a los Corintios, capítulo 1, versículo 10, nos dice:

«Porque cuando me siento débil, entonces es cuando soy fuerte»