Internet, ¿un lugar de comunión? 7 valores que se pierden fácilmente en la comunicación digital




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Como un habitante del continente digital me ha tocado recorrer muchas “ciudades digitales”. Cada una habla un idioma propio y tiene sus signos característicos. Twitter hizo popular el #hashtag, Facebook aportó los likes, Instagram nos trajo las stories, etc. Cada red social (ciudad digital) habla un idioma propio y tiene lo suyo característico.

Las redes sociales nos han traído grandes cambios. Ahora estamos mucho más conectados entre los diversos países, las noticias vuelan por el globo en cosa de segundos, el conocimiento está disponible para todos, las investigaciones científicas y los avances tecnológicos son comunicados a la brevedad. Pero hay una cosa que no me convence del todo y creo que será la tarea para nuestra generación en red: el diálogo que crea comunidad.


El problema de la “comunicación”

Es muy fácil encontrarse en Internet, sobre todo en Facebook, personas que todo lo comentan, todo lo discuten, todo les parece negativo y que siempre contagian de negatividad a los demás. Se aprovechan de los “estados” morales para descargar su ira y hacer polémica. Basta una frase para desencadenar una “ira colectiva” que dista mucho de ser una comunidad tolerante abierta al diálogo. Si comparto, por ejemplo, que “Un cristiano no debería estar a favor del aborto porque es una contradicción”, estoy expresando mi opinión frente a un tema neurálgico, y a la vez me arriesgo a recibir todo tipo de críticas y opiniones que, en su mayoría, crearán polémica.

Aquí hay dos cosas a resaltar: por una parte están las publicaciones, las cuales pueden gustar o no, porque tratan temas sensibles, sobre todo aquellas con contenido moral o valórico que siempre traerán polémica y discusión. Éstas podemos transformarlas en una oportunidad de diálogo. Por otro lado tenemos las reacciones que son muy diversas unas de otras. Las que son positivas no causan mayor revuelo (likes, comentarios a favor, aceptación, etc.), las que son negativas suelen ser más recordadas por la injerencia que la propia afectividad imprime en cada comentario (enfado, insultos, ira, etc).

A esto último quiero referirme hoy, a la reacciones que provocan las publicaciones en Internet, en especial en las redes sociales. Me llama la atención que Facebook, por su carácter personal, propicie tantas discusiones y descalificaciones públicas. He visto que familiares y amigos se bloquean y eliminan a causa de una diferencia de opinión, lo digo porque a mí también me pasó. Pero, ¿acaso las redes sociales no tenían que ser un medio de comunicación para unir y compartir? ¿Cómo es que lo hemos convertido en un escenario de combate y de manifestación de odio y enfado?

El Papa Francisco se pronuncia

La Iglesia se preocupa por esto. El Papa Francisco hace poco publicó el Mensaje para la LIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que tituló: «“Somos miembros unos de otros” (Ef 4,25). De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana». Es un documento interesantísimo que les invito a leer. Les dejo una cita que puede iluminar el tema:

“Cuanto más cohesionada y solidaria es una comunidad, cuanto más está animada por sentimientos de confianza y persigue objetivos compartidos, mayor es su fuerza. La comunidad como red solidaria precisa de la escucha recíproca y del diálogo basado en el uso responsable del lenguaje. Es evidente que, en el escenario actual, la social network community no es automáticamente sinónimo de comunidad. En el mejor de los casos, las comunidades de las redes sociales consiguen dar prueba de cohesión y solidaridad; pero a menudo se quedan solamente en agregaciones de individuos que se agrupan en torno a intereses o temas caracterizados por vínculos débiles. Además, la identidad en las redes sociales se basa demasiadas veces en la contraposición frente al otro, frente al que no pertenece al grupo: este se define a partir de lo que divide en lugar de lo que une, dejando espacio a la sospecha y a la explosión de todo tipo de prejuicios (étnicos, sexuales, religiosos y otros). Esta tendencia alimenta grupos que excluyen la heterogeneidad, que favorecen, también en el ambiente digital, un individualismo desenfrenado, terminando a veces por fomentar espirales de odio. Lo que debería ser una ventana abierta al mundo se convierte así en un escaparate en el que exhibir el propio narcisismo”.

El Papa se da cuenta de que algo no anda bien, de que las redes sociales pueden hacer mucho bien si las usamos bien, pero también pueden hacer mucho mal si no las usamos bien.

¿Qué dice Byung Chul-Han?

Hay un filósofo coreano que migró a Alemania hace ya décadas y que está causando furor en la juventud de hoy. Él hace una fuerte crítica a los medios digitales como un mecanismo de control de masas, de distanciamiento humano y de excesiva transparencia que nos lleva a perder la intimidad tan necesaria para vivir el verdadero amor. En su libro “En el enjambre” tiene un breve capítulo titulado Sociedad de la indignación donde trata este tema.

“La primera palabra de la Ilíada es menin, a saber, la ira. «Canta, oh diosa, la ira del Pélida Aquiles», leemos al principio de la primera narración de la cultura occidental. La ira puede cantarse aquí porque soporta, estructura, anima, vivifica. Es el medio heroico por excelencia de la acción. La Ilíada es un canto de la ira. Esta ira es narrativa, épica, porque produce determinadas acciones. En esto se distingue la ira del enfado como efecto de las olas de indignación. La indignación digital no puede cantarse. No es capaz de acción ni de narración. Más bien, es un estado afectivo que no desarrolla ninguna fuerza poderosa de acción. La distracción general, que caracteriza a la sociedad de hoy, no permite que aflore la energía épica de la ira. La cólera, en sentido enfático, es más que un estado afectivo. Es una capacidad de interrumpir un estado existente y de hacer que comience un nuevo estado. La actual multitud indignada es muy fugaz y dispersa. Le falta toda masa, toda gravitación, que es necesaria para acciones. No engendra ningún futuro”.

Internet, ¿lugar de comunión?

Ahora viene la gran pregunta. Con lo anterior, ¿podemos decir que las redes sociales y el Internet propician una cultura de la comunión? No me atrevo a dar una respuesta radical del tema, pero me inclino a decir que aún no. No estamos todavía preparados para crear comunión, nos falta introducir algunos valores humanos, tan propios de la comunicación persona a persona, que no tienen las redes sociales. Hay elementos que debemos tener en cuenta y que no debemos perder. Podemos construir comunión, pero debemos estar atentos a estos 7 valores e intentar tenerlos siempre presentes a la hora de publicar, comentar o reaccionar. Son muy importantes porque somos humanos, y aunque usemos una máquina para comunicarnos no podemos renunciar a ellos, hay que llevarlos a Internet.

Entonces ¿cuáles son los 7 valores que estamos perdiendo y que debemos propiciar en Internet?

1. Diálogo
Esta palabra viene del griego “διαλόγου”, δια= entre y λόγο= hablar. Es un discurso alterno entre dos o más personas que discuten sobre un contenido. El diálogo ayuda a mucho a conocer la opinión del otro, a abrirnos a otro punto de vista y a recibir retroalimentación. Nos ayuda a compartir, a intercambiar ideas, a recibir contenido nuevo que puede ayudar a comprender mejor las cosas y, posiblemente, a cambiar de opinión si se está en el error. El diálogo siempre enriquece si se realiza con respeto y altura de mira.

2. Tolerancia
Es la “actitud de la persona que respeta las opiniones, ideas o actitudes de las demás personas aunque no coincidan con las propias”. Toda opinión debe ser respetada pero no por ser una simple opinión, sino porque viene de una persona que merece respeto por sí misma. No debemos confundir tolerancia con aquello de que “todo vale”, no. La tolerancia tiene dos matices: uno que podríamos llamar laico y que se refiere al respeto por la opinión del otro; y uno cristiano, es decir «la “caridad” aplicada al valor “tolerancia”… ya que no se trata únicamente de soportar al que yerra o al que vive en el mal, también implica una preocupación por él, un acompañamiento, e incluso una conversión a la verdad y al bien. Se le respeta pero respeto no significa indiferencia o despreocupación; la tolerancia auténtica acompaña y se ocupa. Precisamente por eso se convierte en cercanía y no en olvido” como bien señala el P. Jorge Enrique Mújica, LC.

3. Respeto
El respeto es reconocer la dignidad propia de una persona. Por analogía se aplica también a varias dimensiones: respeto por la edad, respeto a la autoridad, respeto a los padres, respeto a ciertos lugares, respeto a ciertas costumbres, etc. Es darle el valor que cada persona o “cosa” tiene por sí misma. Todas las personas merecen el mismo respeto. Por ello en Internet no debe dejar de observarse este valor tan fundamental. Una vez que se falta el respeto a otro, se pierde la comunicación y el posible diálogo, llevando la discusión un final sin enriquecimiento.

4. Escucha
El Papa Francisco habla del apostolado de la oreja, es decir, el apostolado de saber escuchar antes de hablar. Esto cuesta mucho, porque como cada uno está sentado frente a su computadora o su teléfono, no existe una dimensión física persona a persona capaz de propiciar la escucha. No vemos al otro, no podemos descifrar su estado de ánimo, sus emociones, su coraje, sus incomodidades, etc. A veces estamos tan acelerados que no somos capaces de leer un mensaje por completo cuando ya respondemos. No escuchamos, es decir, no leemos lo que el otro quiere comunicarnos. Esta falta de escucha (lectura) rompe el diálogo y lleva a crear un monólogo infecundo. La escucha es requisito del diálogo.

5. Cercanía
En Internet no hay una cercanía física. Es cierto que estamos conectados, pero esa conexión sólo pasa por cables que limitan nuestro mensaje a meras señales electrónicas. Falta la cercanía, aquella que propicia dar lectura a la comunicación paraverbal, que está inmersa en un contexto social común, que comparte un espacio común. La cercanía da confianza, la distancia paraliza. La cercanía permite un diálogo fecundo, amable, respetuoso. La distancia mantiene a cada interlocutor detrás de su escritorio, con sus posiciones cerradas, con un canal de comunicación que sólo da y nada recibe.

6. Lenguaje paraverbal
No sólo de texto vive el hombre, también de todo tipo de comunicación no verbal. El lenguaje verbal hace referencia al lenguaje escrito u oral. Pero existen otros tipos de lenguaje humanos que no podemos perder en Internet, estos comprenden el lenguaje paraverbal. Cerca del 65% de lo que comunicamos lo hacemos a través de un lenguaje paraverbal. Por ejemplo: signos, señales, muecas, movimiento de las manos, temblor, etc. Todo ello enriquece la comunicación. Así podemos saber cuándo alguien está nervioso, ansioso, enojado, alegre, etc. Esto es fundamental a la hora de dialogar. Yo vivo en Italia hace casi 3 años y es acá donde uno valora más el lenguaje paraverbal, aquí todo se puede decir con gestos, cada uno significa algo preciso incapaz de ser reproducido en palabras. ¿Cómo llevar esto a Internet? No sé aún, pero pueden ayudar los emojis, stickers y gifts.

“Cuando hablamos de comunicaciones entre las personas no sólo entendemos las palabras, sino también los gestos, las actitudes, incluso los silencios y las ausencias. Una persona habla con todo lo que es y lo que hace. Todos nosotros vivimos comunicando y estamos continuamente en equilibrio entre la verdad y la mentira” (Papa Francisco, 14 de noviembre de 2018).

7. Verdad
Mostrarme como soy, decir con caridad lo que pienso, estar dispuesto a pedir perdón, retractarme si me equivoco, etc. Ser fieles a la verdad. Ser auténticos, verdaderos, sin máscaras ni maquillaje. En la filosofía se dice que toda opinión tiene algo de verdad, y es cierto, pero la verdad última no es opinable. Hay una verdad detrás de cada cosa. Si veo una manzana roja y yo digo “es una manzana verde”, estoy mintiendo. Pues aunque quiera decir que la manzana en verde la realidad muestra que la manzana es roja, eso no lo puedo cambiar. La Verdad es reconocer las cosas tal como son en realidad. Es cierto que da fatiga buscar la verdad de las cosas, porque a veces es un camino largo y ajetreado, pero una vez que la encuentras todo cambia. La verdad se debe buscar y para encontrarla hace falta el diálogo. ¿Cómo podemos conocer la verdad de las cosas si no nos enfrentamos a otros pensamientos, a otras opiniones? Cuando hay respeto mutuo, se está en camino hacia la verdad.

Conclusión
Entonces, ¿es posible la comunión en Internet? Sí, es posible, pero está en las manos de todos nosotros construirla. No es algo fácil, el ritmo del mundo suele guiarse por lo más fácil, la novedad última, lo más general posible, aquello que se adapta a todos y no molesta a nadie. La realidad humana está constituida por signos, por palabras, por voz, por gestos, etc. Es una comunicación rica en lenguajes. Esto nos hace superiores a los animales, además por nuestras facultades de inteligencia y voluntad que ellos no tienen.

Sí podemos construir una comunidad en Internet. Debemos poner los valores humanos en la red para hacerla más humana. Necesitamos humanizar nuestras relaciones digitales, necesitamos humanizar nuestras comunicaciones virtuales. Tenemos mucho que hacer aún en este campo.

Para terminar quiero compartir con ustedes algunas palabras del Papa Francisco que pueden ayudar a cambiar el chip y a luchar por un Internet más fraterno:

“Podemos pasar así del diagnóstico al tratamiento: abriendo el camino al diálogo, al encuentro, a la sonrisa, a la caricia… Esta es la red que queremos. Una red hecha no para atrapar, sino para liberar, para custodiar una comunión de personas libres. La Iglesia misma es una red tejida por la comunión eucarística, en la que la unión no se funda sobre los “like” sino sobre la verdad, sobre el “amén” con el que cada uno se adhiere al Cuerpo de Cristo acogiendo a los demás”.

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Fuentes:
 — Byung Chul-Han, “En el enjambre”, Editorial Herder, 2018.