El día de los muertos vivientes


Soy millennial, hijo de la generación Y. Pasé del VHS al DVD, del cassette al Discman, de la TV al internet. Jugué con Nintendo 64, llevé el Mario Bros. en un disquete y todo en menos de 20 años. ¿Adaptarme? Claro que sí, nacimos en una época de nuevas tecnologías. También fui testigo de los cambios que trajo consigo el cine. En lo personal soy fanático de las películas de terror, sobre todo las que tratan el tema del fin del mundo ya sea con meteoritos, alienígenas curiosos o los infartantes zombies.

Zombies…

De éstos últimos quiero hablarte, de los zombies. Algo tienen que los hacen tan atractivos. Las películas de muertos vivientes nos han acompañado por muchos años pero últimamente han cobrado mayor realce. Recuerdo que la primera película que vi de este género fue “El amanecer de los muertos”, en inglés «Dawn of the Dead» del 2004. ¡Dios santo! Jamás había sentido tanta ansiedad, miedo, nervios, tensión, suspenso… todo eso junto.



Descubrí que esta generación millennial ya no se asusta con King Kong, con Jurassic Park o Jumanji, aliens, depredadores o monstruosidades de ese estilo. No, nosotros nos asustamos con aquello que es más realista.

Realismo puro y duro

Es inevitable no temer a una persona de carne y hueso (como tú) que ha sido infectada por un virus desconocido. Es aterrador verlos caminar como seres irracionales, que no saben lo que hacen, con instintos salvajes a flor de piel, queriendo matar y comer a sus semejantes. Más terror da cuando corren sin parar, cuando les disparas y no mueren, cuando siguen vivos a pesar de tener la mitad del cuerpo y cosas por el estilo. Si mi abuela me viera escribiendo sobre esto me regañaría, jamás le gustó ver sangre saltando por todas partes.



Curioso, ¿no? Algo tienen estos zombies que nos atraen tanto. Son más realistas que Chucky, Freddy Krueguer, Jason, Scream o la Monja. ¡Son como nosotros! Cuando la amenaza somos nosotros mismos (transformados) es cuando el miedo crece. Y analizando el panorama no estamos tan lejos de algo así (sé que es una exageración). Las armas biológicas existen, los ataques biológicos también, la carrera armamentística es muy actual. Además, se han conocido casos de drogadicción con la famosa sal de baño “Flakka” que desinhibe a quien lo ingiere, creando cuadros de inconsciencia en su actuar. ¡Terrible! Yo no sé si acuerdan del famoso caso del «caníbal de Miami» que en 2012 dejó aterrorizada a la mitad de los Estados Unidos. O de los famosos casos que la policía de Brasil hizo públicos a finales del año pasado. En fin, por eso es que nos dan miedo los zombies.

¿Llegarán?

Pues no creo que lleguemos al extremo de The Walking Dead corriendo por nuestras vidas en medio de bosques y teniendo que matar a cuanto zombie se nos cruce. Pero si algo así sucede tendría que ser o un virus o las drogas. Además tendrían que ser muchos como para causar consternación pública. En fin. Lo que importa aquí no es si van a llegar o no, lo importante aquí es reconocer que:

nos aterra la idea de luchar contra nuestros semejantes, contra una sociedad de personas que ya no tienen conciencia, que se muestran hostiles, que buscan hacer daño y matar.

Si quitamos el tema zombie nos daremos cuenta de que tan lejos de esa realidad no estamos. Los zombies, entonces, tocan lo más profundo de las personas: su humanidad, por eso da miedo, por eso son tan atractivas sus películas. En el fondo sabemos que jamás sucederá algo así pero nos gusta tenerlo presente como recordándonos que una sociedad así no puede existir, no la podemos permitir.

Entonces…

Yo por mi parte seguiré siendo fanático de los zombies, pero sobre todo, seguiré aportando lo poco que pueda para construir un mundo diferente en donde podamos convivir en paz sin necesidad de guerras biológicas o cosas por el estilo. Depende de nosotros evitar un colapso de la humanidad, de aquello que nos hace valorar la vida, la convivencia social, la solidaridad, la justicia, la paz. Ojalá que la figura del zombie nos recuerde siempre lo que tenemos que evitar y nos ayude a luchar en contra de ese mundo hostil que nos muestran las películas de hoy.