¿Qué me enseñaron los Zombies?


Soy un millennial, un joven que vio evolucionar el mundo en apenas dos decádas. Pasamos de los cassettes a los discman, de los Nintendo 64 a los PlayStation, de los VHS a los DVD’s. En fin, hemos visto el mundo cambiar frente a nuestros ojos. Esta evolución se ve reflejada en muchos ámbitos, uno de ellos son las películas.

Esto quizá le espante a muchos: los Zombies. Son una evolución desde mitad del siglo pasado. Nace el cine y con ello las películas de terror que cada vez conquistan a mayor cantidad de público. Vinieron las grandes pesadillas en Elm Street, la saga de Jack el destripador, luego El Aro, Scream, El exorcista, Chucky, la Monja, etc. Una colección de películas que yacen guardadas en algún desván. Con el tiempo también evolucionó el terror, por lo menos en el ámbito del cine. Ahora nos parece mucho más terrible ver a los muertos vivientes rondando por la tierra que lucha por sobrevivir. Pero, ¿qué tienen estos films que atraen tanto y nos causan tanto terror?

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Un mundo que se contagia rápidamente de un brutal virus que le hace perder la conciencia de sí, le desinhibe, le cambia de aspecto, le transforma. Un virus que nos lleva al extremo de la salvajidad, rosando nuestros más bajos instintos y sacando lo más animal que puede haber. Un virus que lleva al hombre a atacar a sus semejantes, a querer deborarles, a matarlos. Eso ya no seremos nosotros ciertamente. Pero, ¿acaso no te da miedo imaginar un mundo así?

Nadie quiere luchar por su vida día tras día sin saber si va a llegar a la semana siguiente. Los sentidos deben agudizarse, se debe mantener la calma y pasar desapercibido en las grandes poblaciones para no atraer el odio de esos salvajes seres. Pero no que el mundo casi deshabitado nos aterre demasiado, en el fondo:

nos aterra la idea de luchar contra nuestros semejantes, contra una sociedad de personas que ya no tienen conciencia, que se muestran hostiles, que buscan hacer daño y matar.

Nos aterra sobremanera tener que lidiar con un mundo que ya no escucha, que ya no defiende los derechos, que no se preocupa por el otro: un mundo que ha olvidado a su prójimo. Un mundo donde lo más salvaje impera, donde las fuerzas del enemigo son mayores a las nuestras, donde parece reinar el mal. En fin… donde al parecer no hay esperanza de salvación. Con todo esto me ha venido una luz: ¿se puede sacar algo bueno de todo este mal? Claro que sí, hay muchas cosas.


Entonces, ¿qué me enseñaron los Zombies sobre la fe?

Los zombies me enseñaron que no tengo que esperar el fin del mundo para preocuparme por mi vida y tomar las riendas de ella. Me enseñaron que permanecer unidos siempre es mejor que vivir aislados. Me enseñaron a preocuparme de los más débiles y ayudarles en sus necesidades. Me enseñaron a no encerrarme en mí mismo, sino a vivir para los demás. Me enseñaron que la esperanza en el ser humano jamás se pierde a pesar de las barbaridades que podamos hacer en nuestro mundo. En fin, son tantas cosas las que podría mencionar, pero me quedaría con el resumen de todo esto:

Me enseñaron a tener fe en las mismas personas. Que se puede confiar en el otro, que la esperanza jamás se va. Porque donde haya una persona que ame, habrá amor. Donde haya una persona que ayude a las demás, sobrevivirá la solidaridad.

Así es. Donde haya un corazón bondadoso (que siempre lo hay), habrá esperanza en la humanidad. No podemos dar todo por perdido. En el momento en que las nubes tapan el sol es cuando debemos recordar el aspecto del sol y su calor abrasador. Cuando seamos azotados por las olas del mar debemos traer a la memoria los días que pasamos en tierra firme. Cuando el agua nos llegue hasta el cuello es cuando debemos aprender a nadar.

Entonces, sí hay esperanza en el hombre. Yo sigo creyendo en la humanidad.

Pero ¿cómo?

Necesitamos ver el mundo con ojos de fe. Los problemas, las guerras, conflictos, descuerdos, enfrentamientos, luchas de poder, regímenes políticos totalitarios, etc. todo ello se puede ver con ojos de fe y percibir la huella de Dios que hay detrás. Debemos alzar la mirada de las cosas terrenas para luchar por un mundo mejor. Esa mirada sólo se consigue con unos ojos de fe. Unos ojos que no se quedan pegados viendo como el mal hace de las suyas, sino que se transforma en acción y sale a ayudar. Esa mirada de fe nos guiará por el buen camino llueve, truene o relampaguee, moviéndonos a seguir confiando, a no perder la esperanza.

Espero que la próxima vez que veas algo sobre Zombies te acuerdes de esta reflexión y renueves tu fe en las personas, en la bondad, en la esperanza que jamás nos dejará. Pídele al Señor unos ojos grandes de fe para ver el mundo como lo vería Él. Cuenta con mis oraciones.