Ayunar de los ojos, los oídos, los pies, las manos y de todo el cuerpo



Comienza la Cuaresma. Cuando llegamos a Misa nos encontramos con que tienen preparada la ceniza para ponerla en nuestra cabeza. “Pero, ¡qué rápido ha pasado el tiempo! Si apenas terminamos la Navidad”, si, es cierto, el tiempo pasa volando y si no estamos atentos se nos va como el agua entre los dedos. Entonces, ahora que ya estás enterado que comenzamos este día también en ayuno y abstinencia, debes recordar que esto prevalece por sobre el día de San Valentín. ¡Pero cómo! Así es, pues nuestro camino de purificación y búsqueda de la santidad tiene primacía por sobre las otras celebraciones.

¿Ya te pusiste la ceniza?

Ir a Misa y recibir la ceniza en la cabeza es una tradición antiquísima que se remonta al tiempo de los judíos, quienes en signo de arrepentimiento y/o luto se rasgaban los vestidos, se vestían de sayal y “adornaban” sus cabezas con ceniza. Así, nosotros católicos del siglo XXI, queremos recibir este signo como inicio de nuestro camino de conversión y arrepentimiento de nuestro pecados, durante 40 días esperamos en actitud de reflexión y penitencia el triunfo de Cristo sobre la muerte el día de su Resurrección.

Por ahora, la actitud clave es:

Escucha de la voluntad de Dios, arrepentimiento sincero de nuestros pecados y búsqueda de la santidad personal.

El ayuno más difícil de todos


Hay un ayuno que es privarse de alimentos. Dejamos de comer lo habitual y sólo disfrutamos de una comida normal, el resto son sólo dos comida ligeras. Puedes ofrecer tu día completo de ayuno si tus fuerzas y tu salud te lo permiten, es muy recomendable sobre todo a los jóvenes. Pero hay otro ayuno que es muchísimo más difícil, incluso para nosotros los religiosos, el ayuno de todo el cuerpo. Ehh! ¿qué es esto? Dejemos que alguien experto nos lo explique.
San Juan Crisóstomo (347–407), patriarca de Constantinopla y uno de los Santos Padres de la Iglesia de Oriente, nos enseña:

“El valor del ayuno consiste no sólo en evitar ciertas comidas, sino en renunciar a todas las actitudes, pensamientos y deseos pecaminosos. Quien limita el ayuno simplemente a la comida, está minimizando el gran valor que el ayuno posee".

Si tu ayunas, ¡que lo prueben tus obras!

Si ves a un hermano en necesidad, ten compasión de el. Si ves a un hermano siendo reconocido, no tengas envidia. Para que el ayuno sea verdadero no puede serlo solo de la boca, sino que se debe ayunar de los ojos, los oídos, los pies, las manos, y de todo el cuerpo, de todo lo interior y exterior”
¡Una invitación clara!

“Ayunas con tus manos al mantenerlas puras en servicio desinteresado a los demás. Ayunas con tus pies al no ser tan lenta en el amor y el servicio. Ayunas con tus ojos al no ver cosas impuras, o al no fijarte en los demás para criticarlos. Ayuna de todo lo que pone en peligro tu alma y tu santidad”.



“Sería inútil privar mi cuerpo de comida, pero alimentar mi corazón con basura, con impureza, con egoísmo, con competencias, con comodidades”.

“Ayunas de comida, pero te permites escuchar cosas vanas y mundanas. También debes ayunar con tus oídos. Debes ayunar de escuchar cosas que se hablan de tus hermanos, mentiras que se dicen de otros, especialmente chismes, rumores o palabras frías y dañinas contra otros. 
Además de ayunar con tu boca, debes de ayunar de no decir nada que haga mal a otro, pues, ¿de que te sirve no comer carne, si devoras a tu hermano?”.

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¡Profundo, sencillo y claro! Así es. Ahora piensa en tu vida, de seguro no pudiste evitar llevar este texto a tu realidad mientras lo leías. Puede sonar incluso un poco fuerte, a veces, exagerado. Para un corazón enamorado, que busca ser santo día a día, estos propósitos de cuaresma pueden ser considerados un itinerario, un camino a seguir.

Toma nota de estas reflexiones que Juan Crisóstomo nos comparte, examina tu propia vida, ve dónde “te aprieta el zapato”, qué cosas debes trabajar más, en qué puedes mejorar y ¡manos a la obra! La Iglesia en este tiempo se llena de buenos propósitos, podemos ayudarnos unos con otros a cumplir estos buenos deseos.

Si remamos todos para el mismo lado viviremos esta Cuaresma en completa tranquilidad, sabiendo que Dios actúa en nosotros y nos da la fuerza para hacer todo aquello que nos propongamos en favor de la santidad. Así que ponte a caminar, no tengas miedo,

¡Ayuda de todo el cuerpo, ofrece un sacrificio al Señor y sé santo!