El burrito de la humildad

Dios tiene un lenguaje muy particular. Nada parecido a lo que nosotros tenemos. Nos habla a través de signos, símbolos, parábolas y comparaciones. El Evangelio que se lee en Domingo de Ramos nos deja una gran enseñanza que, a veces, puede pasar desapercibida. Cuando Jesús entra en Jerusalén es aclamado por toda la ciudad con grandes gritos y aclamaciones. Extienden sus ropas por el camino para recibir al “Rey” que viene montado en un burrito. ¿Qué pensarían los israelitas al ver a su “Rey” entrando a la ciudad encima de un burrito? Quizá ni siquiera le prestaron atención. A otros les parecería extraño. Otros recordaron las escrituras que decían: «Salta de alegría, Sión, lanza gritos de júbilo, Jerusalén, porque se acerca tu rey, justo y victorioso, humilde y montado en un burro, e un joven borriquillo» (Zacarías 9:9).
El burrito es un animal dócil, fuerte y apto para viajar largas distancias. Los judíos lo usaban como animal de carga y transporte, tanto de mercancías como para llevar personas. Este animalito es el elegido por Jesús para entrar a la ciudad Santa. Es Jesús, el manso y el humilde de corazón, que sea acerca a la antigua Sión. Recordando la vida del Señor reconcemos la presencia de este animalito en varios pasajes que, aunque no lo dice de forma literal, podemos claramente deducir que estaba allí. La primera vez que se le usa es para transportar a María con el Niño en el vientre hacia Belén, ciudad donde debía nacer el Salvador. Luego, cuando huyen a Egipto debido a la persecusión del rey Herodes. Seguramente Jesús hizo uso del burrito en muchas ocasiones más durante su vida oculta y su sus 3 años de ministerio público. Y allí seguía fiel el burrito. El burrito es signo de humildad. Signo de sencillez.
En nuestro mundo occidental usamos el adjetivo burro para designar a alguien que no sabe, que es poco inteligente o no es capaz de muchas cosas, pero la verdad es que este animal esconde muchos talentos. Vive alrededor de 40 años, mucho más que sus parientes los caballos y puede pesar 250 kg. Él resiste cuando otros animales no pueden continuar el viaje. Es dócil a quien le manda. Es lento pero seguro. Es un animal que cumple sus funciones sin relinchar cuando algo no le parece bien. Y es precisamente este animal, querido por quienes le conocen y ridiculizado por aquellos que no le conocen, quien lleva al Mesías.
Jesús se deja portar por el burrito, no le da vergüenza. Es este burrito el que también nosotros debemos montar para recorrer el camino hacia la Jerusalén celestial (el Cielo). Un burrito que es un humilde y aunque sea lento, es fuerte y nos llevará seguro a nuestro destino. Pero, ¿estamos dispuestos a subirnos al burrito? Muchos pensarán: “Yo prefiero ir en un Porsche, o un Lamborghini, así me da más estilo”. Un cristiano sabe que esto es apariencia. Debemos preferir el camino de la humildad, transportado por un animal de humildad, siendo nosotros mismos humildes. Tal vez al inicio dé un poco de vergüenza, y esto es por la poca costumbre, pero con el tiempo sabremos reconocer el valor de lo pequeño, de lo sencillo, el valor de la humildad.
Así que ya sabes. Cuando elijas un transporte que te lleve al Cielo no dudes en subirte al “burrito de la humildad”. Un medio de transporte abundante y con poca fama que debes aprender a valorar.