“El cristianismo” explicado en el 158 a.C.


¿Quiénes son los cristianos? Este bellísimo escrito ha llegado a nosotros luego de muchos altibajos…

Hablar del cristianismo no es hablar simplemente de historia como si fuese una “cosa del pasado”. Hablar del cristianismo es hablar de una persona, de Jesucristo, el Hijo de Dios que se hizo carne y habitó entre nosotros. Hablar del cristianismo es ver a través de los siglos su presencia en los miles de mártires, santos, beatos; gente normal, como tú y como yo que se identificaron con Cristo hasta la muerte. Así, encontramos en la Iglesia un gran patrimonio que nos narra la historia, es verdad, pero como un testimonio vivo de Jesús y su presencia. Hoy quisiera compartir un extracto de la “Carta a Diogneto”, escrito aproximadamente en el año 158 d.C. que responde a la pregunta: ¿Quiénes son los cristianos? Este bellísimo escrito ha llegado a nosotros luego de muchos altibajos, y ahora lo podemos meditar en un contexto social similar al que se vivía hace más de 1500 años atrás.

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Carta a Diogneto, capítulo III: “Los cristianos en el mundo”
«En cuanto al misterio de la religión propia de los cristianos, no esperes que lo podrás comprender de hombre alguno. Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres. En efecto, en lugar alguno establecen ciudades exclusivas suyas, ni usan lengua alguna extraña, ni viven un género de vida singular.
La doctrina que les es propia no ha sido hallada gracias a la inteligencia y especulación de hombres curiosos, ni hacen profesión, como algunos hacen, de seguir una determinada opinión humana, sino que habitando en las ciudades griegas o bárbaras, según a cada uno le cupo en suerte, y siguiendo los usos de cada región en lo que se refiere al vestido y a la comida y a las demás cosas de la vida, se muestran viviendo un tenor de vida admirable y, por confesión de todos, extraordinario.Habitan en sus propias patrias, pero como extranjeros; participan en todo como los ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña les es patria, y toda patria les es extraña. 
Se casan como todos y engendran hijos, pero no abandonan a los nacidos. Ponen mesa común, pero no lecho. Viven en la carne, pero no viven según la carne. Están sobre la tierra, pero su ciudadanía es la del cielo. Se someten a las leyes establecidas, pero con su propia vida superan las leyes.Aman a todos, y todos los persiguen. Se los desconoce, y con todo se los condena. Son llevados a la muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos (2 Corintios 06:10). 
Les falta todo, pero les sobra todo. Son deshonrados, pero se glorían en la misma deshonra. Son calumniados, y en ello son justificados. «Se los insulta, y ellos bendicen» (1 Cor 4, 22).Se los injuria, y ellos dan honor. Hacen el bien, y son castigados como malvados. Ante la pena de muerte, se alegran como si se les diera la vida. 
Los judíos les declaran guerra como a extranjeros y los griegos les persiguen, pero los mismos que les odian no pueden decir los motivos de su odio. Para decirlo con brevedad,lo que es el alma en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo.
El alma está esparcida por todos los miembros del cuerpo, y los cristianos lo están por todas las ciudades del mundo. El alma habita ciertamente en el cuerpo, pero no es es del cuerpo, y los cristianos habitan también en el mundo, pero no son del mundo».
Extracto de la “Carta a Diogneto”

Anónimo, 158 d.C.